Al despertar
Sentado frente al papel en blanco tengo miedo de saber lo que escribiré esta noche, porque tal vez no me guste el resultado al despertar. Una botella y el cenicero atestado de colillas, el cuarto envuelto en humo y el rugido de los motores que atraviesan la ciudad al otro lado del cristal. Duermes desnuda sobre las sábanas, empapadas de pasión, en una habitación cualquiera del hotel más barato de la ciudad. Te miro dormir y no sabes cuánto me gustaría decirte que te quiero... pero las palabras se ahogan en algún lugar profundo de mi garganta reseca que, sin embargo, no deja de pedir a gritos mudos otro trago y otro cigarrillo. Oh, nena, lo siento, lo siento tanto... pero lo nuestro no puede funcionar. Hoy no. Así que al despertar, cuando yo esté a cientos de kilómetros de tu piel suave y del olor a vainilla de tu pelo, me odiarás. Pero créeme, nena, que todo lo hago por ti, para que vueles, para que vivas, para que descubras todo lo que te perdería...